The Shadows of the Snow

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The Shadows of the Snow

Mensaje por WhiteLynx el Jue Oct 20, 2011 6:03 am

PRÓLOGO

Mis dedos dejaron de sentir el frío por un instante, mi pelo dejó de estar goteando agua de lluvia y mi cara ya no estaba húmeda, dejé de oír por unos segundos los lamentos de algunas de las personas que se arremolinaba en aquel campo abierto y verde, de hecho, dejé de estar rodeada de aquella gente. Miré sin esperanza, rodeados ambos de aquella luz invasora, la cara que sin intención alguna de sonreír me miraba miraba fijamente a los ojos.
Respiré hondo -No te necesito- Apreté la mandíbula y endurecí la mirada -Puedo hacerlo sola-.
Y entonces, como si hubiera estado esperando esas palabras exactas, sonrió. -Eso espero, pequeña-
Miré de nuevo a mí alrededor y la lluvia volvió a golpearme la cara con violencia, dirigí entonces la vista hacia el suelo, hacia mis pies, tenía los zapatos encharcados y manchados de barro, la hierba parecía un lodazal y ya estaba más marrón que verde. Ignorando el molesto sonido que producían los pasos al hundirse en el fango y la horrible textura del suelo, caminé hacia la cruz situada a varios metros de mí, sin importarme las miradas atentas del resto de personas que contemplaban impasibles la escena.
-Maldita sea, Sam, no me dejes- caí de rodillas a un palmo de la tumba, ensuciando la mayor parte del vestido negro, que llegaba solo un poco por encima de ellas. Las medias de rejilla, también negras, que dibujaban formas casi abstractas en mis piernas, se tiñeron del color del barro.
-Por favor…- Mi antigua determinación no se quebró, pero se resquebrajó el muro que contenía las lágrimas y grité, grité como un lobo herido, como un animalillo abandonado en medio de ninguna parte, como un felino fiero sobre su víctima, pero deslumbrado por su belleza e incapaz de hacerle daño, grité impotente, hasta que agonizó el llanto.
-Me lo habías prometido- Tapé la cara con las manos sucias, escondiendo entre los dedos los ojos que comenzaban a volverse rojos con los primeros rayos de luna.-Dijiste que me ayudarías-. Cerré con fuerza los párpados y me dejé caer en el suelo, agotada e impotente, esperando que, al menos esta vez, me sorprendiera la mañana.

-Déjenla mientras dure la noche, no se irá, no ha tomado sangre desde hace meses, está muy débil.-


CAPÍTULO 1 - Ancient Alliance


-Levántate- Un hombre esbelto y rubio, vestido con traje negro y corbata roja agarró a la chica por un brazo obligándola a levantarse del suelo. Ella no hizo ademán de mover ni un solo músculo, aunque le distinguió a él sin mucha dificultad.

La habían encontrado.

Que uno de los hombres de la alianza estuviera allí no podía ser una coincidencia, y su presencia frente a la tumba de Sam ya bastaba para enfurecerla.

-¿No me has oído? He dicho que te levantes-

La chica le miró con furia, una chispa de vida brilló en sus pupilas dilatadas, el odio avivó el fuego de sus ojos y la locura se apoderó de ella, un segundo nefasto, un momento casi imperceptible.

Se llevó la mano a la pierna derecha y se levantó el vestido manchado hasta llegar al lugar en el que guardaba su daga, sujeta con una banda de cuero al muslo, la sacó de la funda desabrochando la hebilla que la mantenía en su sitio con una habilidad inhumana, mientras se desvanecía la noche que daba paso a las primeras luces del día.
Sintió como su piel volvía a la normalidad, como el pelo negro carbón retomaba su color cobrizo y cómo sus ojos se teñían del gris verdoso que les caracterizaba.
La empuñó con las últimas fuerzas que le quedaban antes de que se completase el amanecer, y se movió veloz hacia el cuello del hombre frente a ella, ignorando la tortura que le causaba la transformación.
Éste último no se movió ni siquiera un milímetro, manteniéndose firme ante su ataque. Sabía perfectamente que el dolor la doblegaría antes de que pudiera alcanzarle.
Y en efecto, calló al suelo antes de que su intento de asesinato pudiera tomar siquiera ese nombre, su fuerza huyó con la llegada del sol y sus brazos volvieron a ser los delgados brazos de una chica de diecisiete años de mediana estatura y cuerpo frágil.

Se retorció en su agonía gritando, arañó el suelo que aun seguía algo mojado con tanta fuerza que podría haberse roto las uñas, encogió las piernas hasta dejarlas a la altura del pecho, y se abrazó a sí misma volviéndose un ovillo tembloroso.

Le ardía el cuerpo.

Despegó la vista del suelo un segundo y entre las lágrimas consiguió ver la daga que había dejado caer segundos atrás. Estiró el brazo y la cogió de nuevo por la empuñadura, de marfil y madera, toda ella blanca, que terminaba dibujando dos pequeñas alas encargadas de separarla del filo y la arrastró por el suelo en dirección a su vientre -¡No lo conseguiréis, maldita sea!- gritó haciendo un esfuerzo por que su voz quebrada sonara convincente.

-¿Qué se supone que intentas hacer, mi pequeña Alexie?- Un hombre alto y delgado, de piel nívea y pelo cobrizo recogido en una coleta por encima de la nuca apareció fugaz ante ella, casi como si hubiera estado allí desde el principio. La sujetó rápida y suavemente por la muñeca, como si estuviera tocando una figura de porcelana que intentara no romper. Aplicó la fuerza justa sobre la parte externa de su mano haciendo que soltara la daga sin poder oponerse - Ya está bien de juegos, Alex -
Ella intentó zafarse con las fuerzas casi nulas que le quedaban -¡Suéltame! No te saldrás con la tuya Ryder, él está muerto-
-Y esa es exactamente la razón por la que vendrás con nosotros, lo quieras o no-

WhiteLynx
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